TARDÍGRADOS

Ciencia en español

El podemita no cumple ninguna de las tres leyes de la robótica. A los que por el mero hecho de tener un seso (o molla de nuez, algunos) se arrogan el derecho a tener razón

Posted by Albert Zotkin en julio 12, 2015

Poco importa que a un fantoche de calavera hueca, o llena con molla de nuez, le ofrezcas las razones de su alucinación o las pruebas de su sinrazón. Poco o nada influye en su voluntad ciega de destrucción masiva y odio global que le invites a desertar de esa extremidad delatora de su ruindad, a que reniegue de su demagogia barata y no te agreda con sus palabras de rocín altanero. Nada o poco conseguirás presentándole la realidad ante sus ojos legañosos, o exprimiendo las hieles de sus carnes repugnantes. Los fantoches de calavera hueca, o con molla de nuez, son siempre aquellos que te vapulean embriagados con ideologías tóxicas adulteradas de botellón. Son esos cerdoflautas harapientos que han salido de cuevas lúgubres para apestar las ciudades con sus rancios perfumes inframundanos de pocilga. Vienen a depurar nuestras calles y plazas, a ambientarlas con ese hedor característico del odio que te fusila sin pestañear, de ese que te endereza la rabia sin comerla, o que te azota simplemente porque eres ese ser inferior que no ha degustado nunca manjar trotskista alguno. Tú, ser inferior, que nunca pudiste llegar a saber de la sublime ideología salvapatrias que esos pordioseros de la palabra quieren ahora insuflarte. Tú, que menosprecias el alto grado de valía de esos seres venidos a más del cielo rojo-hialurónico, no puedes oponerte a ellos, charlatanes de feria que quieren venderte mantas tricolor, o no puedes quedarte impávido ante sus cánticos deflagradores. No puedes impedirles el paso porque vienen a cambiarte de paraíso, vienen a imponerte la felicidad de estar muerto, porque tú solo no puedes. Te asustarán el miedo a ser alienígena o terrícola abducido, porque tú solo no quieres, o quizás vengan a quedarse, a retozar en el sofá de tu casa, a restregar sus hocicos babosos contra tus cómodos sillones tapizados en Ancora, a restregar por toda tu casa, con sus sebosas nalgas almizcleras, el hediondo sudor a cambio nuevo. Sí, amigo, estamos ante un tiempo nuevo, en el que los nuevos seres rugibles, emanados de las cavernas como vapores ebúrneos de grandilocuencia, todos ellos pordioseros zarrapastrosos de palabra fácil, con bocas enjutas y carcasas cerebrales termópilas, vienen a suplantar a la casta por otra que sólo es una recua de castizos con caspa, con intenciones aviesas, con ideología obsoleta que venden como nueva (la burra vieja del charlatán de feria como si fuera caballo pura sangre). Ellos, los alcachofas bolivarianos, te sacarán de tu zona de confort para quedarse ellos en ella, y tú, sin comerlo ni beberlo, te verás forzado a migrar, cual ave de pico pardo, a otras tierras más amables donde poder asentar tus posaderas sin temor a que gañanes con coleta vengan a escupir en tu plato de comida. ¿Por que te odian?. ¿Es envidia?. No. Odian por sistema, por sistema y contra el sistema, programación automática pura y dura. Son simples autómatas que no obedecen ninguna de las de tres leyes de la robótica de Asimov.

La primera ley de la robótica dice: Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño. Pero un ser de estos, del círculo morado, sí hace daño, porque por acción o inacción, acaba estrellando el avión en el que tu viajas. Su objetivo es acabar, destruirlo todo por odio, arrasar. Ellos vienen a joder, a cargarse el sistema sin proponer nada que se sepa sea mejor, vienen a enajenar alienando. Harapientos del circulo morado, que vienen a ponerse morados, a atracarse atracando, a joder jodiendo, a estrangular amoratando gaznates ajenos, que han aprendido cómo ejercer la violencia retórica, la dialéctica agresiva de los Castro. La metralleta lenguaraz que escupe balas de odio, que te acribilla con ráfagas de extrusión, especialmente diseñada para cavar fosas mediáticas o nichos televisivos con floripondios. Ellos, los nuevos viejos, que vienen a suplantar, a secar las acequias, a embarrarlo todo con torpeza dogmática, a convencer a la ignorante masa deforme y desencantada de que hay que arrasar con todo, arramblar con todo. Te cuentan, pero no te dicen, arramblar con todo para que nada de mérito venga en su lugar. Y si todo va mal la culpa será de los fascistas del capitalismo, del FMI, y de la troika. Sí, amigo, estamos en el albor de la catástrofe demagógica populista, de la mentira que viene a suplantar a la realidad. Ni George Orwel en su novela ‘1984’ lo puede contar mejor que estos nuevos actores, sacados de un casting para hacer de fascista rojo de extrema izquierda, que están subiendo al escenario de la democracia para cargársela. Estos nuevos distópicos del juego de tronos, de la utopía Marxista sin tapujos, están viniendo a quedarse en el desierto que quieren construir en tu jardín. La distopía es siempre un desierto rodeado de jardines, y el juego de tronos es siempre el juego de patio de colegio del ‘quítate tú pa ponerme yo’.

La segunda ley de la robótica dice: Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley. Pero, si reparamos en cualquiera de estos nuevos aspirantes a encargados de la Ponderosa, vemos que la obediencia siempre es para los demás. El Hada Madrina Colau dijo: “Desobedeceremos las leyes que nos parezcan injustas”. He ahí a una autómata todopodemista, programada para escupir bilis, desobedeciendo la segunda ley de la robótica. Seres nuevos cavernosos, desahuciados de la razón, que pretenden saltarse las leyes que los seres humamos se han dado a sí mismos, si a ellos, a los cavernarios, les parecen injustas. Lo malo es que no está claro lo que para estos seres deformes, llenos de fealdad, sea o deba de ser la justicia.

La tercera ley de la robótica dice: Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley. Evidentemente estos seres nuevos, epidemitas que emergen de simas infestas, están programados para proteger su propia existencia, incluso, si hace falta, aniquilando a cualquier ser humano a lengüetazos. veremos a más de un epidemita expulsándote de tu piscina este verano para meterse él, atentando contra la tercera ley de la robótica, o engullendo ingentes cantidades de cerveza fría de tu nevera expropiada. Si, amigo, estos nuevos alabarderos de pacotilla son únicamente seres programados mental y psíquicamente, organismos cuasi-biológicos, adoctrinados en el odio, en la demagogia y la mentira deslenguada, cuyo fin último y primero es cambiar la realidad mediante la perversión del lenguaje, de los gestos y los símbolos. Estos seres del inframundo heterómero son pervertidos que practican desde el postporno de la meada asfáltica, hasta la cagada anónima en el felpudo de la puerta de la ministra de turno, a modo de escraches. Porque el escrache es algo muy bonito, incluso aconsejable para la buena salud del practicante, cuando se hace a los demás, al enemigo, claro. No odian realmente, son sólo autómatas programados para simular odio, pero no, no odian realmente. En fin, para qué seguir contándote, amigo mio.

Saludos, y cuídate mucho de los estultos

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